
Este derecho regula las relaciones entre las personas, físicas o jurídicas, y las relaciones de estas personas con las cosas. La multitud de actos que llevamos a cabo durante el día puede ocasionar efectos jurídicos que tenemos que tener en cuenta aunque no seamos conscientes de ello.
Acudir a un abogado para que elabore un determinado contrato o solicitar consejo jurídico sobre la firma de un documento privado debería ser algo habitual en las personas.
Tenemos que acostumbrarnos a identificar los actos de nuestra vida que pueden tener un riesgo, es decir, una consecuencia perjudicial para nosotros. La responsabilidad civil por los daños causados por mi perro o la indemnización de mi compañía de seguros por un accidente dependerá, en muchas ocasiones, por haber contado con el consejo de un letrado.
A veces, erróneamente, pensamos que siendo el dueño de una cosa podemos hacer lo que queramos con ella. Hay que saber que significa y que consecuencias tiene ese derecho concreto que está inscrito en el Registro de la propiedad.
Tomar esta actitud y solicitar los servicios de un letrado nos da tranquilidad. La seguridad jurídica de nosotros y los nuestros, así como de nuestros negocios, dependerá de haber acudido a un profesional para prevenir e identificar problemas futuros.